Y en la pasividad de un cielo calmo, el lanzaso dejo su marca. Fue un corte seco, que dejó solo una pequeña marca, cuya herida era aún mucho más grave de lo que se dejaba ver. Un estruendo ensordecedor partio el aire por unos segundos y la marca apareció casi como de la nada, a pesar de esto nadie le prestó atención y todos siguieron con su rutina diaria, con sus vidas, sus alegrías y tristezas, trabajos y distracciones, sin percatarse de lo fatídico que se cernía sobre ellos. Así seguían los mortales sobre la faz de la tierra, sin darse cuenta que la realidad, todo lo que los contenía, se estaba rasgando ante sus ojos.
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